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miércoles, 22 de julio de 2015

La aparición

por Luciano Doti



Valentina de Villefort estaba acostada en su lecho, deliraba a causa de la fiebre que la aquejaba. El Conde de Montecristo, cual Lord Ruthven, la acechaba desde la biblioteca contigua. Era un hombre enigmático, muchos dudaban que fuera completamente humano. Al fin, en la medianoche parisiense de esa jornada, se hizo presente ante ella. La joven lo confundió con una sombra, mas luego lo reconoció.
—Conde, ¿qué hace aquí?
—Soy su protector, he venido a salvarla —dijo, y se inclinó sobre el cuello de Valentina bendiciéndola con el beso eterno. Después, tomó el vaso de agua que había en la mesa de luz y vertió dentro dos gotas de su sangre.
—Beba esto.
Valentina bebió sentada en la cama; su espalda no tenía más velo que su larga cabellera, por delante cubría su busto con una prenda de delicado encaje. La enfermedad iba dejando paso a una sensación desconocida. A lo lejos, el reloj de la catedral comenzó a dar doce campanadas apenas audibles. 

Basado en El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Este jueves... relato: Vacaciones en Costa Mecánica

El relato de este jueves lo convoca Dorotea. Consiste en escribir una historia en base a un título sorpresa proporcionado por ella a cada uno. A mí me tocó "Vacaciones en Costa Mecánica".





Vacaciones en Costa Mecánica

por Luciano Doti

Partimos durante el crepúsculo hacia Costa Mecánica. Nos habían recomendado ese lugar para que Juliana no tuviera problemas con el sol. 
Al llegar, nos registramos en el hotel, y desde allí mismo, una escalera mecánica nos condujo a una playa iluminada con luz de neón. 
—¿Crees que podrías acostumbrarte a esta vida? —me preguntó mirándome a los ojos. 
—Sí —me oí decir como respuesta. 
Esa noche, sus colmillos me decretaron muchas vacaciones futuras en Costa Mecánica.



miércoles, 19 de noviembre de 2014

La estaca (Relato Juevero)



Con este cuento participo por primera vez de los relatos jueveros, que en esta ocasión convoca Leonor. Las pautas son las obsesiones y no usar más de 350 palabras.



La estaca

por Luciano Doti

Al principio fue sólo un pequeño interés en ella. Apenas una manera de ocupar el tiempo y de paso ver algunas fotos de una chica atractiva. Pero de a poco comenzó también a leer sus actualizaciones y, de esa manera, se dio cuenta de que era más que su belleza. O quizás no. Tal vez todo era obra de un rostro que le transmitía una sensación dulce y de un cuerpo escultural. Nunca se sabe si lo que siente o piensa una persona de otra, que se ha convertido en objeto de su obsesión, puede presumir de ser un concepto cargado de objetividad. Por lo tanto, en este caso era imposible saberlo, dado que, para entonces, ella ya se había convertido en su obsesión. 
“Stalkear” es una palabra que se puso de moda para describir el acto de visitar permanentemente el perfil de otra persona en una red social. Estar al tanto de cada cosa que hace, que dice, que siente... También saber si hay alguien en su vida. Es notable cómo, para una persona perturbada, el hecho de poder visitar el perfil de otra se convierte en la manera de vivir la ilusión de que se tiene una relación con ella. Relación platónica, aunque relación al fin. La persona perturbada era Leandro y la otra Loana. 
Leandro supo, por la información virtual que manejaba, que Loana se estaba viendo con un joven. Por algún motivo, empezó a considerar que ese joven llamado Marcos era extraño, exótico, acaso sobrehumano... un vampiro. No permitiría que a su chica le pasara nada. Lo eliminaría. Se le antojó revelador lo parecidos que son los verbos stalkear y estaquear. No había dudas de que el destino le enviaba un mensaje. Lo esperó una noche, cuando Marcos regresaba de estar con Loana, y cumplió con su deber. 
Ahora, Loana publica fotos de su novio, acompañadas de frases que le prometen eternidad.

sábado, 23 de agosto de 2014

Obsesión vienesa

por Luciano Doti

He pasado las últimas semanas con una idea dando vueltas en mi cabeza. La idea ha devenido en obsesión. Intentando dilucidar me adentré en las elucubraciones de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis. En mi mente se han mezclado mi idea primigenia junto con sus casos de estudio; pese a que cien años separan a uno de los otros, todos se han ido acoplando.
Mi problema tiene origen en Buenos Aires, pero de tanto pensar en el psicoanálisis, me he transportado a Viena; acaso tengan puntos en común mi ciudad natal con la capital austríaca. Hay quienes dicen que Buenos Aires, la reina del Plata, es la antigua capital de un imperio que jamás existió, y Viena lo fue del imperio Austro-Húngaro, he allí algo en común.
La ciudad de Viena me ha seducido siempre; sus historias de emperadores, príncipes y doncellas, tanto las reales como las ficticias; los Habsburgo y su conexión con España e Hispanoamérica; la música clásica; Strauss, Mozart… la sola mención de su nombre hace que me adentre en una dimensión de armonía y pensamientos tan elevados, que me resulta imposible plasmar en el papel. También, al evocar Viena, vienen a mí relatos de vampiros, muchos de ellos ambientados en esa geografía.
Recuerdo la dulce melodía del vals “Bello Danubio azul”, como sonaba en cierta iglesia de Buenos Aires, durante un enlace marital, pequeño festín burgués. El viento arremolinando el vestido largo de una de las damas de honor, y sus piernas…
¿Cómo hallar el origen de una obsesión? ¿En qué momento nos obsesionamos con algo? Sólo queda retroceder más y más; bucear en lo profundo de nuestros recuerdos, hasta encontrar algo, ese algo que hoy nos obsesiona y ayer apareció por primera vez.
Fue en aquella boda, en aquella iglesia, que yo me obsesioné con ella, con la dama de honor. En el caso de que no hubiera algo previo, porque hay quienes afirman, desde teoría kármicas, que fascinaciones que experimentamos ante determiandas personas que se cruzan en nuestro camino, son una consecuencia de vidas anteriores. ¿Estaremos viviendo nosotros hechos gestados en vidas anteriores? Así como los vampiros arrastran siglos de historias personales, ¿estaremos nosotros también llevando encima el mismo bagaje, sólo que no lo recordamos explícitamente?
Así que, recordar el vals vienés me llevó a Freud, en particular al caso de una paciente que no asume una tendencia inconveniente para la época. Resultaba posible que la dama de honor tuviera, aunque sea de manera leve, la misma tendencia; esto lo sabía por comentarios, aunque en el caso de ella esta tendencia no excluía la otra; por suerte para mí, se trataba sólo de un juego y no más. También en las historias de vampiros, las féminas colmilludas suelen practicar esos juegos entre ellas.
Aquella boda sucedió hace ya unos años, pero en las últimas semanas volvió a mí el recuerdo de la dama de honor; un encuentro fortuito con ella lo reinstaló en el presente. Desde entonces, tengo la idea de lograr un acercamiento.
Pese a lo intrincado de las teorías freudianas y kármicas, yo soy sólo un hombre obsesionado con una mujer. No pretendo un final en el cual suene “Bello Danubio azul” en una iglesia, ni un imposible beso sangriento que nos una eternamente cual vampiros; me conformaría con mucho menos.